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Comepecados: alimentarse de errores ajenos

El título ya de por sí dice mucho. Nadie niega la contundencia y la capacidad de resumir el tema que sigue, aunque quizá, podrían haber elegido uno menos tétrico… El término refiere a una persona que, mediante un ritual, tomaba por medio de comida y bebida los pecados de un moribundo o recién fallecido, absorbiendo de sus pecados y permitiendo a esa persona descansar en paz.

 

La tradición cuenta que este ritual era practicado en algunas de las regiones pertenecientes a los países que constituyen la isla británica (Gales, Inglaterra, Escocia e Irlanda del Norte), perdurando supuestamente hasta finales del siglo 19 en la región galesa y en algunas zonas de los Apalaches (cordillera ubicada al este de América del Norte que pasa por EE. UU y Canadá).

Generalmente al trabajo lo realizaban vagabundos, y algunos pueblos, tenían sus propios comepecados “profesionales”.
Estos personajes, eran conducidos al lecho de muerte donde un familiar colocaba una hogaza de pan sobre el pecho del difunto y le extendía una jarra de cerveza (o leche al sur de Gales) sobre el cadáver. Tras rezar una oración, el comepecados bebía de la jarra y comía el pan, alimentos que ya quedaban impregnados con los pecados del muerto.
“…Una vez terminado el trabajo, se le daba una propina de seis peniques como agradecimiento por tomar para sí mismo los pecados del fallecido, quien, ya liberado, no caminaría después de muerto.” (Howlett)

Acerca de quien aparentemente fue el último comepecados de Shropshire (Inglaterra), un hombre llamado Richard Munslow fallecido en 1906, existe la siguiente leyenda:
"Al comer pan y beber cerveza, y dando un breve discurso en su tumba, el comepecados tomaba para sí los pecados del fallecido", con un texto discursivo (posiblemente variaba dependiendo según quién lo dijese) que reza: "te doy alivio y descanso ahora, querido hombre. No vengas por nuestros caminos o a nuestros prados. Y por tu paz empeño mi propia alma. Amén".
La tumba de este personaje se distingue sobre el resto de las que hay en el cementerio, y por si te apetece visitarla, ha sido restaurada y se celebró allí un servicio especial en septiembre de 2010 gracias a que los locales lograron una cuantiosa recolección para conseguirlo, así que está como nueva.


Los encargados de devorar los pecados ajenos por lo general, eran despreciados y muchas veces, alejados de la sociedad por la cantidad de supersticiones que se tenían en esos tiempos.
Únicamente se trataba con ellos cuando eran necesitados por un fallecimiento.
Esta es la razón por la cual, tras la ingesta de los alimentos, se quemaba el recipiente de la bebida con el fin de eliminar toda impureza.

En otros lugares, la misma práctica tenía algunas variaciones: -en Baviera (el estado más grande de Alemania, ubicado al sur del país): en vez de pan, se colocaba un pastel sobre el cadáver, el cual era consumido por el familiar más próximo al cajón;

-en los Balcanes (península al sur de Europa y al este de Italia, donde se encuentra Grecia): hacían una figurita de pan que simulaba ser el fallecido (como en el vudú) y éste era comido por los familiares presentes;

-en los Países Bajos: se horneaban pastelitos o “galletas de muerto” con las iniciales del difunto para ser comidas por los invitados.

Seguramente después de leer esto se te venga a la cabeza la pregunta: ¿qué tiene que ver esto con artes culinarias y gastronomía? La respuesta que podemos ofrecerte es la siguiente: nos pareció buena idea compartirte una curiosidad que ciertamente tiene poco que ver con la parte artística que caracteriza nuestros artículos, por lo cual puedes tomarlo como una bienvenida a la sección, y de paso recordarte que estamos siempre ahí, al acecho de tu curiosidad.

¡Preguntas! ¿Qué otro nombre le pondrías a esta especie de ritual mágico? Se nos ocurrió que tal vez, se podría hacer alguna comida o bebida que lleve ese nombre… para Halloween estaría de lujo. ¿Cómo sería? ¿Con qué ingredientes?









 
<<Semana 4>>




Redes Sociales: tu tiempo es oro.

"Sara le dió 'me gusta' a tu foto", "¡Aprovechá los descuentos exclusivos que tiene Kralo Telefonía para vos!", "Fede confirmó tu solicitud de amistad", "¡Juan empezó a transmitir en vivo!" son solo algunas de las tantas notificaciones que llegan a nuestro smartphone diariamente. 

En este nuevo artículo te proponemos darles pausa a las notificaciones de tu celular y adentrarnos un poco más en el trasfondo de las redes sociales, páginas web o aplicaciones que utilizamos con frecuencia. ¿Qué quieren de nosotros? ¿Qué tan valiosos somos en cuanto a nuestra atención hacia ellas? ¿Porqué nos seducen tanto? Veamos...



Para empezar, un dato no menor es que, aproximadamente, desbloqueamos el celular unas 150 veces por día durante el tiempo que pasamos despiertos. Analizándolo un poco más, esto nos arroja un promedio de 1 desbloqueo cada 6 minutos. Y...¿porqué lo hacemos?

Cada vez que desbloqueamos el teléfono, no lo hacemos realmente de una manera totalmente inconsciente. Siempre estamos buscando algo nuevo, lo que sea, pero que haya y sobre todo nos interese.
 
Al llegarnos una notificación, generalmente acompañada de una vibración, lucecita o sonido, difícilmente podemos resistirnos a ver de qué se trata. Sabemos que "hay algo" que está pasando en otro lugar y no queremos perdérnoslo. Por ejemplo, al estar con amigos, cenando en familia o, incluso, estudiando, de aparecer ese tipo de alertas, nuestro cerebro ante esa novedad reacciona con una pequeña descarga de dopamina, el neurotransmisor encargado de la excitación y el placer, que nos lleva a pensar: "quiero más". Muchas veces esto nos aísla de lo que pasa a nuestro alrededor, y nos perdemos en la pantalla. Es difícil ignorarla, no podemos quedarnos "con las manos vacías" en cuanto a lo que sucede o deja de suceder del otro lado. En este caso, se abre la pregunta sobre...¿qué tan dependientes somos de esa pantalla que llevamos a todos lados?

Todo radica en la persuasión. A ella se la define como la influencia social de las creencias, actitudes, intenciones, motivaciones y comportamientos. Se trata de un proceso destinado a cambiar la actitud o el comportamiento de una persona o un grupo hacia un evento, idea, objetivo o hacia otra persona. "¿Y esto que tiene que ver con lo anterior?" La respuesta es: mucho.

En la Universidad de Stanford, ubicada muy cerca de Sillicon Valley (cuna de las más importantes empresas de tecnología), se encuentra la sede del Laboratorio de Tecnología Persuasiva, donde un grupo de investigadores brillantes se encarga de ver cómo usar las aplicaciones, redes sociales y sitios web que visitamos a diario para manipular lo que pensamos y hacemos. En este lugar, nacen aplicaciones muy exitosas, como por ejemplo Instagram, una de las redes más utilizadas a nivel global en la actualidad. 



Así es como funcionan las grandes empresas, que nos ofrecen un espacio virtual gratuito en el que podemos crear un perfil, obtener y enviar 'likes', sumar más y más seguidores, compartir memes, historias, etc. Increíblemente resulta ser una vía perfecta para la manipulación de nuestros pensamientos y acciones al aprovechar las vulnerabilidades de la mente, estudiadas ya por la neurociencia, psicología y la economía del comportamiento.

Es enorme el volumen de información personal que como usuarios proveemos a las múltiples plataformas. Mientras más información generemos, más "valiosos" nos volvemos en ese entorno digital. Lo más preocupante puede llegar a ser cómo las empresas usan esos datos, es allí donde entra el protagonismo de la manipulación.

Si quisiéramos ejemplificar sobre la manipulación en el ámbito social podemos hablar sobre la los intentos de fraude en las elecciones o la difusión de noticias falsas. Ya en lo personal, asimismo, existen situaciones tan simples como ignorar a un amigo cuando nos cuenta algo importante, por estar pegados a la pantalla, o en una reunión familiar dejando de lado ese momento por desviarnos hacia alguna aplicación que nos notificó algo. En consecuencia, nuestra capacidad de concentración se dificulta cada vez más y más.



Alguna vez te preguntaste ¿por qué son gratuitas las plataformas sociales que usamos?


La contrapregunta es ¿realmente son gratuitas?

Sin mucha reflexión, podemos pensar que sí, son gratuitas. Pero de hacerlo...nos estaríamos olvidando del detalle más importante, que es lo que ganan las empresas al prestar sus servicios de forma gratuita y qué ganamos nosotros, sus consumidores.   

Para entender mejor esto imaginemos un ejemplo simple y cotidiano: a la hora de crear una cuenta de Google, Facebook, Twitter o Instagram, ¿qué estamos haciendo? Claramente estamos introduciendo datos personales tales como mails, nombres, documentos de identidad, entre otros que se alojan en los servidores de las mismas plataformas. Así, sabemos que lo que el usuario "gana" utilizando ese espacio es poder hacerlo gratis, con la oportunidad de conectarse con personas y expresarse de acuerdo a sus intereses. A su vez, la "ganancia" de las empresas que se encargan de esto es la recopilación de datos, en enormes cantidades, de sus usuarios para ofrecerles anuncios, más servicios y aumentar sus ganancias.

El hecho de poseer tal cantidad de datos permite segmentarlos minuciosamente para que el mensaje que reciba cada usuario sea lo más preciso posible de acuerdo a sus intereses. Otro ejemplo visible es cuando abrimos Instagram para ver alguna historia o post y encontramos una publicidad de algún producto que previamente hemos estado interesados en comprar. Pensamos "¡parece que me leyeran la mente!" y ojalá fuese así.

Mientras más tiempo pasamos en estas redes, más información servimos y más aumentan las ganancias de las grandes empresas. La competencia en este aspecto es una carrera por obtener el mayor tiempo posible de los usuarios y, cuando se trata de esto, en el mundo de las empresas todas compiten contra todas. Se compite por todo lo que hagas en tu pantalla y el tiempo que estés metido en ella. Es acá donde surge el desvío de nuestra atención; más tiempo es más atención. 

Cada segundo en el que no estamos conectados es menos dinero que generan las plataformas. En este punto entran también las notificaciones y avisos para mantenernos enganchados sin importar distraernos de cualquier otra cosa que estemos haciendo. 



"Explotamos una vulnerabilidad en la psicología humana..."


"Explotamos una vulnerabilidad en la psicología humana… Y creo que los inventores, los creadores… yo mismo, Mark [Zuckerberg], Kevin Systrom en Instagram, toda esta gente, lo entendíamos." Comentaba Sean Parker en una entrevista de Axios, sitio web de tecnología y negocios. (Ver)

Bajo esa frase, Sean, presidente fundador de Facebook, confesó que los creadores de esa red, y de otras, habían conseguido causar conductas similares a la adicción, al explotar una vulnerabilidad psicológica humana.


Fuente: Infobae

"El razonamiento que condujo a construir estas aplicaciones, de las cuales Facebook es la primera, para que realmente lo entendamos, se trató de ver cómo logramos consumir la mayor cantidad de tu tiempo y atención consciente que sea posible. Eso significa que tenemos que darte algo así como un toquecito de dopamina cada tanto, porque alguien le dio 'me gusta' o comentó una foto o una publicación, o lo que sea, y eso hará que aportes más contenido, o que recibas más 'me gusta' o comentarios...es un circuito cerrado de retroalimentación de validación social" procedía Sean, en respuesta a la entrevista.

Entre otras frases, una interesante es: 

"Literalmente cambia tu relación con la soledad. Probablemente interfiere con la productividad de maneras extrañas. Solo Dios sabe lo que le está haciendo al cerebro de nuestros hijos"



"Estamos compitiendo con el sueño"

Para Reed Hastings, director ejecutivo de Netflix, ni Amazon ni HBO son una amenaza para su negocio...



Resulta que durante una entrega de los resultados trimestrales de la empresa, Reed afirmaba que no se preocuparían por su competencia y que, además, el mercado "alcanza para todos".

"Cuando ves una serie de Netflix y te enganchas, te quedas hasta tarde viéndola. Realmente, y al final, estamos compitiendo con el sueño", afirmaba.

Incluso, en la cuenta oficial de Netflix luego se publicó: "Sleep is my greatest enemy" ('Dormir es mi mayor enemigo')".

 
En algo tan vital como es el sueño Netflix no tiene problemas en meterse.
¿Realmente necesitamos dormir menos para terminar de ver una película o serie? ¿Vale la pena tomar hábitos contrarios a nuestra salud por esto? Son preguntas, cuya respuesta queda en cada uno.



Los "me gusta": la pregunta sobre la aceptación social.

Sin dudas, al recibir un "like" en alguna publicación que hacemos por nuestra red social favorita, nos sentimos bien. Nos hace pensar en que captamos la atención de alguien y, por lo tanto, de alguna manera sentimos que obtenemos su aprobación. Lo mismo ocurre en el tema de los seguidores, un número que muchas veces vemos como comparativa hacia otros.



Durante mucho tiempo, y aún hoy, obtener muchos "me gusta" puede llegar a ser visto como sinónimo de éxito. Si nos ponemos a pensar, siguiendo esta idea, llegaríamos a la conclusión de que el éxito en las redes es medible y tiene forma de likes.  En el fondo, no deja de ser más que un número exhibido que muchas veces suelen definir cuánta aceptación social tiene un usuario y, en consecuencia, llegar a influir sobre su autoestima. Así también, generan una especie de competencia (consciente e inconsciente) sobre quién es el que muestra contenido popular que, a su vez, desata la ansiedad de ser una recompensa.

¿Son los "me gusta" la moneda en la que se comercia la aceptación social? ¿Realmente vale, lo que creemos, ese número en nuestras publicaciones y perfil virtual? 

Por suerte, este asunto ha despertado la reflexión de algunas grandes redes sociales, entre ellas Instagram, que piensa en ocultar la cantidad de 'me gusta' en las publicaciones de su plataforma y darle más importancia al contenido que crea el usuario. De esta manera, pasarían a ser visibles solo por la persona que creó la publicación y no hacia los demás.

En julio de 2019 a través de la cuenta oficial en Twitter, Instagram publicaba: "Queremos que tus amigos se centren en las fotos y videos que compartes, no en cuántos "me gusta" obtienen. Todavía puedes ver tus propios "me gusta" tocando en la lista de personas a las que les ha gustado, pero tus amigos no podrán ver cuántos likes ha recibido tu publicación."

"Esperamos poder saber más sobre cómo este cambio podría beneficiar la experiencia de todos en Instagram."

 
Si bien la medida por ahora solo se aplicó en países como Australia, Brasil, Canadá, Irlanda, Italia, Japón y Nueva Zelanda, es un muy buen paso para beneficiar a los usuarios. Tampoco se descarta que esta idea se lleve a cabo en más países que los mencionados antes. Incluso Facebook piensa en hacer lo mismo en su plataforma.

Sin dudas, esta decisión contribuye a formar un espacio mejor para quienes utilizan estas redes, dándole más importancia a lo que expresan y no a la cantidad de likes que reciben. Así también, dejarían de tener valor los likes comprados que generan resultados falsos sobre las publicaciones que se comparten.

¿Qué otros planteos deberían hacerse las grandes redes sociales para contribuir al bienestar de sus usuarios? Es otra pregunta que nos puede surgir al reflexionar sobre lo anterior.


¡OJO! No todo es malo...

Un momento...tampoco todo es malo. Pero ¿qué hacemos ante el fenómeno de las redes sociales? "Voy a dejar de usar las redes y eliminar mi perfil" No, no es necesario llegar a ese punto.

Estamos frente a un muy buen medio para estar conectados con los demás, en cualquier momento y lugar. Resulta ser una ventaja enorme de comunicación que en el pasado no era posible, pero que hoy está al alcance de nuestras manos. Cualquiera puede tener acceso a utilizar las distintas plataformas sociales, expresarse, entretenerse y muchas cosas más. Todo esto gracias a nuestro celular, que lo es todo: desde una calculadora o una linterna, hasta un reproductor de video, una consola de videojuegos o un GPS. Nos acompaña a cada instante donde sea que nos encontremos y nos garantiza llenar cada instante vacío dentro de nuestra vida. No significa que esté mal, solo es lo que se nos ofrece. Nosotros decidimos qué hacer y cómo proceder frente a esto.

Pero...¿cuál es la respuesta o solución? Más que respuestas, quizá necesitamos preguntas. 
A la hora de entrar a páginas webs, apps o redes sociales, podemos preguntarnos ¿qué quieren de mí? ¿Qué beneficios encuentro utilizándolas? ¿Conozco bien qué acuerdo estoy firmando al adentrarme en ellas? ¿Qué tipo de información estoy donando? ¿Se amolda a lo que necesito? ¿Dedico demasiado tiempo navegando en ellas? ¿Me aleja de las experiencias compartidas con los demás? ¿Es necesario que reciba notificaciones de tal app? ¿Realmente me estoy perdiendo de algo importante?



Como esas preguntas, surgen muchísimas más, la cuestión es saber hacérnoslas y en base a eso sacar conclusiones. Queda en cada uno de nosotros el desafío por darle, quizá, un sentido menos superficial a las redes que usamos, sin el ánimo de vivir nuestra vida para mostrarla, sino más bien para disfrutarla. Hacernos más amigos de este mundo virtual no es para nada negativo, el punto está en cuanta atención y tiempo le dedicamos y, sobre todo, qué nos deja de útil para nuestro día a día. 

Trata de no perderlo, tu tiempo es oro y tu atención también.


 

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¡Te leemos!





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